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Cerca del panten de Xilotepec, frente a la mentada cueva del Diablo, estaban los lavaderos. Ahi habiÂa un ojo de agua, el de la Noria, donde mi mama lavaba la ropa; yo le ayudaba a cargarla.
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Una diÂa llegaron dos hermanas a lavar ropa, luego el liquido comenzo a saltar de puro gusto. Al instante aparecio a la entrada un hombre y empezo:
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| Si tus piernas son las vias como estara la estacion. | |
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| No nos venga a fregar. !Larguese¡ | |
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Con el tiempo se supo que una de las hermanas se enfermo y una noche se presento el hombre y pidio a sus padres para desposarla. Los señores aceptaron.
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