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Por fin, casi diez horas después los vuelos se reanudaron. El pasajero solitario abordó su avión. El agobio por el tiempo de espera se esfumó al ver a la bella en su asiento, estaba impecable, com
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| On ne me réveille pas pendant le vol s’il vous plait | |
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Jamás imaginó una travesÃa cerca del cielo gracias a un diálogo que le permitirÃa develar el misterio de esa presencia, pero la mujer con voz determinante se dirigió a la sobrecargo en un franc
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El hombre lamentó ese viaje de “convidados de piedra†y no pudo dejar de evocar a los ancianos japoneses cuyo placer consistÃa en pagar por contemplar a mujeres bellas. Alcanzó apenas a exclam
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